martes, 16 de noviembre de 2010

En el Hospital

Hola a todos otra vez, ya estoy de nuevo entre vosotros para contaros mis andanzas, después de mis vacaciones tengo muchas historias para compartir asi que sin mas demora me pongo manos a la obra y con el único fin de divertirme y quiza conseguir una sonrisa al que se anime a leerme.

Después de mi aventura en el mar, me di cuenta de que no era lo mio hacer de cousteau, fue breve pero intensa y me hizo ver que las personas somos habiles en algunas cosas o al menos las tenemos mas desarrolladas que otras. Acabé camino del hospital en una ambulancia, la historia que os contare hoy es la que me ocurrió en el hospital.

La llegada fué todo un show, yo con todo mi equipo recien estrenado y casi con las etiquetas puestas, estaba en urgencias del hospital de san sebastian, esperaba no encontrarme con nadie conocido mas que nada porque no queria que nadie se alarmase (eso es lo que dirian casi todos) aunque la verdad era para no pasar verguenza, me sentaron en una silla de ruedas y después de explicar como habia sido el "accidente", me hicieron una ficha y me dijeron que esperara en una sala contigua hasta que el doctor me atendiera.

Alli estaba yo, era una sala en la que al fondo habia una maquina de bebidas y de sandwiches, en el otro lado habia un cartel con una foto de una enfermera que pedia silencio, y en ella estabamos seis personas, las otras estaban acompañadas, yo no preguntaba nada pero segun mi intuicion y mis artes deductivas me di cuenta de que la chica joven que tenia el ojo morado, se habia caido al estrenar tacones en una fiesta, tambien me di cuenta de que el señor mayor que estaba venga a toser, era un hombre que era conocido en urgencias ya que conocia con nombre a todo el personal y por fin la pareja nerviosa que miraba a todos los lados y se sentia inquieta tenia alguna dolencia indetectable pero de gran preocupacion.

Al rato me llamaron por mi nombre, levante la mano y una atenta enfermera me llevo a un box donde me esperaba una doctora. Yo soy una persona positiva y que siempre intento comunicarme de forma educada y amable con el resto del mundo, pero me dió mala espina en cuanto la vi, tendria unos cincuenta años, el pelo canoso en moño, una nariz aguileña y una mirada de desafio, alli estaba yo, ante otro reto en mi vida.

Su voz era de pito, tenia bastante mando ya que se hacia valer dentro de su trabajo, me miró con desden y una sonrisa hipocrita se le notaba en cuanto me hacia las preguntas de rigor. Me mandaron a rayos y alli me hicieron unas pruebas que un rato mas tarde y en consulta con la doctora dijeron que tenia una rotura muy fea en mi rodilla y que era urgente una operación.

Me subieron a planta y me asignaron la habitación 314 , era una habitación compartida y en ella estaba un señor de mi edad que mas tarde me entere que se llamaba damian y que estaba esperando a que le dieran el alta después de haber tenido una dolencia cardiaca.

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Ya llevaba unos dias ingresado, me seguian haciendo pruebas y mas pruebas, Damian todavia estaba en mi habitación, hice amistad con el, me dijo que era el parroco de un pueblo cercano, asi que todas sus visitas eran de monjas, de frailes y de feligreses que querian honrar a su guia espiritual, mi entorno tambien tuvo noticias de mi y estaba bien atendido, las personas que realmente me quieren alli estaban a toda hora, no me podia quejar y tenia suerte , si algo malo me ocurriera, alli estaba Damian para darme los ultimos sacramentos, yo como soy positivo pense que ni habiendolo pedido a la carta podia ser mejor.

La tercera mañana de estar ingresado, entró en la habitación un personaje que no supe como catalogarlo, sabia que era galeno pero no conseguia saber que especialidad tenia, me hizo mil preguntas y al final me di cuenta de que era el anestesista, solo le faltaba un chorrito de sangre en la comisura de los labios, yo creo que este personaje disfrutaba de agujerear y sedar a los pacientes, al tiempo me hizo firmar un documento en el cual se exoneraba de cualquier responsabilidad en caso de complicacion en la intervencion.

Llego el gran dia, por fin me operaban, era una mañana azul, lo veia desde la ventana de la habitación, no soy una persona nerviosa pero en ese momento senti algo diferente que hasta entonces no habia sentido en mi cuerpo, quiza fuera preocupacion o quiza fuera alivio por saber que pronto estaria otra vez en plena forma y que el primer paso se daba en ese momento, vino una enfermera y me dijo que me pusiera una ropa blanca que me dejó encima de la cama.

Ropa me dijo, que era aquello, era una bata diminuta que apenas me cubria mis partes nobles y que era dificil de cojones de atar, no podia llevar ropa interior y con aquello el culo se me veia si o si, pensé , estos se han confundido , debe haber algun niño en la habitación contigua y sera su ropa. Llamé al timbre y vino la enfermera, le intente hacer ver su error eso si con mucho tacto y ella me respondio que me dejara de tonterias y que me pusiera la ropa que la operacion no podia demorarse.

En una camilla me bajaron a los quirofanos, un lugar nuevo para mi, era como si me estuvieran llevando a una nave espacial, todo el mundo con mascara , todo el munto de blanco, por fin me tumbaron y una voz que se me hizo muy reconocible me dijo, relajate, en un minuto estaras dormido, era la voz del anestesista , no me dió tiempo a contestarle, me quede quedando atontado y asi es como es mi recuerdo .

Me levanté con ganas de ir al baño, tenia sueros por todas las partes del cuerpo, la boca la tenia seca, pero bueno eso ya seria otra historia sobre la rehabilitación.

agur

1 comentario:

Valle dijo...

Ya espero impaciente la 2ª parte, siento que los galenos con lo que te encontraste fueran de la especie arisca, los hay también muy amables y cariñosos ;), por cierto , y seguramente debido al efecto de la anestesia, debiste equivocar el color de la ropa en los quirófanos, siempre es verde o azul claro:))). Un beso. Valle.